El derecho a la intimidad en el ámbito laboral

Artículo publicado en la Nueva Ruta del Empleo, el 1 de noviembre de 2.013.
Muchos de nosotros, a lo largo de nuestra vida laboral trabajando para una empresa nos hemos preguntado las siguientes cuestiones: ¿Pueden ser leídos los email que enviamos y recibimos desde nuestros equipos de trabajo por nuestros jefes? ¿Hasta dónde llega nuestro derecho a la intimidad en el ámbito laboral? ¿Puede el empresario limitar este derecho?

La Ley establece un equilibrio entre la necesidad que tienen los empresarios de obtener información de sus trabajadores y el derecho de esos trabajadores a su intimidad y dignidad humana.

El derecho del empresario de dirección y control de la actividad laboral está recogido en el artículo 20.3 del Estatuto de los Trabajadores, hace mención al derecho que tiene el empresario para adoptar las medidas que estime más oportunas de vigilancia y control para verificar el cumplimiento por el trabajador de sus obligaciones y deberes laborales, guardando en su adopción y aplicación la consideración debida a su dignidad humana y teniendo en cuenta la capacidad real de los trabajadores disminuidos, en su caso.
Este derecho del empresario no es absoluto y tiene ciertas limitaciones, debe respetar el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, consagrados en la Constitución Española en su artículo 18.
El Tribunal Constitucional ha afirmado en diversas ocasiones que el derecho fundamental a la intimidad personal es aplicable al ámbito de las relaciones laborales (STC 98/2000).
Así en el art. 4.2.d) y e) del Estatuto de los Trabajadores se exige una serie de derechos a los trabajadores en la relación de trabajo “derecho a su integridad y a una adecuada política de seguridad e higiene” y “derecho del trabajador a la intimidad y a la debida consideración a la dignidad”, extendiéndolo para protegerle de cualquier ataque que pudiera menoscabar el respeto mínimo exigible tanto a compañeros de trabajo como a sus superiores jerárquicos.
Lo difícil es distinguir, la esfera privada de la pública de cada trabajador en el ámbito laboral, además de conocer la situación de cada empleado y su contrato de trabajo. Ya que en muchos casos, los empresarios informan a sus trabajadores del uso que deben hacer de sus equipos informáticos, y si estos, deben dedicarse exclusivamente al ámbito laboral y, por tanto, podrán ser revisados por el empresario.
La Sentencia del Tribunal Supremo 6128/2007, menciona que tanto la persona del trabajador como sus efectos personales y la taquilla forman parte de la esfera privada de aquel y quedan fuera del ámbito de ejecución del contrato de trabajo al que se extienden los poderes del artículo 20 del E.T. También se menciona que las medidas de control sobre los medios informáticos puestos a disposición de los trabajadores se encuentran dentro del ámbito normal de los poderes concedidos al empresario en el artículo 20 del E.T., ya que el ordenador es un instrumento de producción del que es titular el empresario y con el se ejecuta la prestación del trabajo. En consecuencia el empresario puede verificar en él su correcto cumplimiento.
La doctrina del TC ha sido muy clara al mantener que “el ejercicio de las facultades organizativas y disciplinarias del empleador no puede servir en ningún caso a la producción de resultados inconstitucionales, lesivos de los derechos fundamentales del trabajador, ni a la sanción del ejercicio legítimo de tales derechos por parte de aquel”.
Aquí pueden plantearse conflictos cuando entren en juego dos derechos fundamentales “el derecho a la intimidad” y el “secreto de las comunicaciones”. En estos casos, debe ponderarse, mediante la aplicación del principio de proporcionalidad, si la medida que se va a adoptar es adecuada para conseguir el objetivo que se pretende, y si no existen otras medidas que puedan alcanzar ese mismo objetivo sin limitar el derecho.
Como conclusión, vemos que se reconoce el derecho a la intimidad del trabajador en el seno de la relación laboral, pero limitándolo en cierto modo, a las instrucciones y controles impuestos por la empresa. La celebración de un contrato de trabajo no puede suponer por sí misma la renuncia a los derechos fundamentales, pero dichos derechos pueden ser objeto de ciertas restricciones por el empresario, con la debida y estricta justificación. Por ello, es muy importante recoger en las cláusulas del contrato, esas restricciones, e informar al trabajador de sus obligaciones en el uso del correo electrónico y de los medios informáticos de la empresa, para que después no exista confusión, y siempre que se le haya informado del uso profesional, la empresa podrá acceder a ellos.
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